lunes, 12 de marzo de 2012

¿Todos somos bisexuales?


Rosa, azul y púrpura. Son los tres colores de la bandera bisexual: el rosa representa la homosexualidad; el azul, la heterosexualidad, y el púrpura, la mezcla de ambas. Creada por Michael Page en 1998, este estandarte pretendía lo imposible: representar a un colectivo que se caracteriza, precisamente, por su dispersión. El bisexual no escoge: prefiere estar al plato y a las tajadas, ejerciendo una omnívora, estimulante y polimorfa lubricidad. 


En un mundo donde el poder pretende tener todo clasificado, al bisexual se le mira casi con tanto recelo como al tránsfuga político. Se le acusa de indeciso, de oportunista y, sobre todo, de vicioso. Y eso que el perfil del bisexual no siempre es el de un sátiro: hace unos meses, el colaborador del ‘The New York Times’ Joseph Lelyveld publicó una biografía de Ghandi en la que desvela que el líder espiritual hindú fue bisexual y estuvo enamorado de un hombre. Ghandi murió en 1848, pero hasta 1999 los “bis” no empezaron a salir (tímidamente) del armario, al celebrar su primer Día del Orgullo Bisexual, que en España no llegaría hasta el 2008. Desde entonces, cada 23 de septiembre, coincidiendo con la fecha de la muerte de Sigmund Freud (padre teórico del concepto de bisexualidad), muchos individuos salen a la calle para proclamar su derecho a cambiar de acera cuando les venga en gana. Paralelamente, la androginia se ha convertido en tendencia estética preponderante. Por eso, te invitamos a que aflojes tu cinturón, nos des la mano y franquees con nosotros la puerta púrpura. Libera tu mente y tu culo le seguirá. Estamos penetrando en la Dimensión Bi.


Entre la carne y el pescado
“El género humano evoluciona hacia el predominio de la bisexualidad”. No, no es una frase de Rappel ni de ningún otro excéntrico adivino, sino una sesuda reflexión enunciada por un sabio: el candidato al Nobel de Medicina Umberto Veronesi. Y no descubre la pólvora. Mucho antes que él, en los años 40 y 50, el científico Alfred C. Kinsey afirmó que solo un 10% de la población podía clasificarse dentro de las casillas hetero y homo, quedando así un 90% de bisexuales: “No hay dos poblaciones diferenciadas de homosexuales y heterosexuales. Sería como dividir el mundo entre ovejas y cabras”, sentenció. Más de medio siglo después, en pleno 2012, la sexóloga Alicia Misrahi (www.aliciamisrahi.com), autora de ‘Manual de la aprendiza de depredadora’ y de ‘Sé mala’, me explica que “más allá de la educación, las experiencias, la presión o la represión, nos sentimos atraídos por personas concretas de ambos sexos, no por todas las personas del sexo que nos atrae”. Para más inri,las fronteras entre hombre y mujer se difuminan por momentos; Veronesi lo achaca a la igualación de roles masculinos y femeninos, que producen un bajón hormonal en ambos sexos y atrofian los órganos de reproducción, cosa que a su vez provoca una mutación psicológica. De ahí la ola de androginia que nos invade. Por ejemplo, ¿alguien es capaz de distinguir a un emo varón de un emo hembra? Y en parejas como Alaska y Mario Vaquerizo, el matrimonio Tous, o Bimba Bosé y Diego Postigo, ¿quién es el macho? Para saberlo, ni siquiera basta con palpar sus órganos genitales.



La cultura Bi
Desde que en 1972 Bowie creara a su alter ego, Ziggy Stardust, inventando así el bisexual chic, la ambigüedad se ha utilizado para vender discos, películas, libros, perfumes y todo tipo de productos manufacturados. Hombres de pelo en pecho como Alice Cooper, Marc Bolan o Lou Reed salían al escenario pintados como putas y subidos a zapatos de tacón. Sin embargo, en los 80, la aparición del SIDA hizo que muchos recularan y volvieran a su heterosexualidad primigenia. En esa década, solo Prince se atrevía a jugar con sexola ambigüedad. El resto, o eran gays o eran heteros. El bisexual era un personaje oscuro, sospechoso de difundir el VIH entre ellos y ellas. Hasta que, en los años 90, el bisexual chic resurgió de la mano de la penúltima reinvención de Madonna. La escritora Camille Paglia publicó ‘Sexual Personae’ y se definió como “una egomaníaca feminista bisexual”. El glam se reencarnó en grupos indies tremendamente andróginos, como Pulp, Astrud o Suede (cuyo cantante, Brett Anderson, se definía como “un bisexual que aún no se ha acostado con ningún hombre”). Todo esto preparó el terreno para que, en pleno siglo XXI, nos encontremos con una omnipresencia de lo Bi en la cultura popular. Ahí están estrellas del pop como Lady Gaga, Jay Jay Johanson, Nancys Rubias o Tokio Hotel. Y, en la ficción, la doctora Remy “Trece” Hadley (Olivia Wilde) de la serie ‘House’, las chicas del cómic alternativo ‘Strangers in Paradise’, de Terry Moore, o los vaqueros de la película ‘Brokeback Mountain’. Incluso a las viñetas de muchos cómics de superhéroes se asoman personajes Bi, como Mística, Batwoman o Rainmaker. Pero, según Alicia Misrahi, “una cosa es el escaparate, o los medios que se usan para crear polémica,escandalizar o sorprender, que forman parte del márketing, y otra cosa muy diferente es cómo las personas viven su sexualidad”. Sí, pero, sin duda, ambos fenómenos se retroalimentan.



Trifásicos y tridimensionales
“No creo en la bisexualidad porque nunca he visto a un hombre que deje a su novio para irse con una chica”. Esta frase, pronunciada por uno de los personajes de la película ‘Trilogía de Nueva York’ (1988) expresa la gran duda sobre la bisexualidad masculina. Duda que cristalizó en 2005, cuando un equipo de psicólogos de la Universidad de Northwestern publicó un polémico estudio en el que definía al bisexual como “un homosexual que todavía no ha salido del armario”. Ahora, esos mismos psicólogos sostienen todo lo contrario: que sí, que el Macho Bi existe. Como dice Alicia Misrahi, “somos tan recelosos con lo diferente que necesitamos estudios científicos para creer en algo que nos perturba”.
Pero, ¿por qué los bisexuales iban a afirmar que lo son si no lo fueran? En un reciente informe confeccionado por Shere Hite, un 43% de anónimos caballeros “heterosexuales” reconoció haber tenido experiencias “homo”. Y también hay ejemplos con nombres y apellidos, incluso en un país tan mojigato como España: el cantante Miguel Bosé se preguntaba en su día: “¿Para qué conformarse con un solo sexo? Hay que divertirse con todo: explorar, innovar, tener la mente abierta... Por ende, me declaro trisexual”. Aún más claro lo tiene el cineasta Juan José Bigas Luna: “Yo soy Bi en todo. La bisexualidad es una de las mayores fuentes de riqueza de la vida de un hombre intelectual”. Y el bailarín Rafael Amargo no ha dudado en catar los dos sexos. ¿Su filosofía?: “¡No me pienso morir sin haberlo probado todo!”. El escritor peruano Jaime Bayly tampoco se queda atrás: “Aunque soy bisexual, ahora mismo solo me interesan las mujeres. He perdido el gusto por los hombres, aunque en algún momento lo recuperaré”. Sin embargo, aún abundan los machos Bi que se esconden bajo las piedras y son muchas más las mujeres que salen a la superficie, sobre todo, porque, como dice Alicia Misrahi, “la idea de dos mujeres besándose y tocándose es una de las principales fantasías masculinas, pero para los hombres la bisexualidad masculina es una amenaza, puesto que sienten que podrían convertirse en homosexuales o que su masculinidad puede ponerse en duda”. Ejemplos de bisexuales femeninas hay a patadas: la ex pornostar Miriam Sánchez (se declara “Bi con tendencia a los falos”), Elena Anaya (ex novia de Gustavo Salmerón, ahora sale con una chica), Malena Gracia (todo un bicono ibérico,descubrió su condición cuando tuvo “una placentera experiencia sexual con una mujer”), Daniela Blume (“yo me enamoro de la persona, sea hombre o mujer”), la escritora Lucía Etxebarria (“soy bisexual, como cualquiera”) o Concha Buika (asegura que es “bisexual, trifásica y tridimensional, que las limitaciones me las ponga mi carne”).



¿Un futuro bisexual?
Así las cosas, parece que el sabio Veronesi estaba en lo cierto: el mundo cada vez es más bisexual. Porque, además, hay grupos de Facebook como Todo-bisexuales, comunidades virtuales como shybi-guys.com (para los hombres Bi menos lanzados), aplicaciones para iPhone como Scrabble (para chatear con bicuriosos), juguetes eróticos Bi (potenciados por boutiques X como La Juguetería), webs especializadas en porno Bi como www.clubbisexual.com. o eventos como Creando precedente. Más allá de los guetos, en este siglo se impone la mezcla y, cada vez más, los locales nocturnos están llenos de chicos y chicas indefinidos. De eso se trata: de romper fronteras, quemar etiquetas y transformar el mundo en un lugar libre para el encuentro carnal entre todo tipo de individuos con ganas de mambo. Porque, como dijo Woody Allen, “ser bisexual dobla inmediatamente tus oportunidades para conseguir una cita el sábado por la noche”.



No hay comentarios:

Publicar un comentario